Los proyectos que cada uno empieza, con ilusión, con ganas, con esperanza, no siempre tienen un final feliz, no siempre acaban bien, a veces ni acaban, porque ni siquiera los empezamos.
Yo creo que estos proyectos son como teclas de un piano. Nos pasamos días, meses y años dándole vueltas a ilusiones que tenemos para que se hagan realidad, pero inconscientemente siempre tocamos la misma melodía, la misma. ¿Por qué?, porque nos suena bien, nos agrada saber que las notas que escribimos tendrán un final que conocemos, un final medio feliz. No arriesgamos y sonamos siempre igual.
Así que empezamos a tocar y acabamos la composición. La oímos y nos gusta, pero cuando vamos a sacarla a la luz para que otros nos ayuden o nos aconsejen, con una expresión de desconcierto nos dicen: “ esto ya lo he oído antes “.
Y desistimos, nos entristecemos y llegamos a creer que no somos capaces de hacer algo distinto.
Pero si lo somos, y tanto que somos capaces. Lo que ocurre es que no nos atrevemos a cambiar una nota. Con una simple nota que cambiemos, cambia todo. Nos cuesta, si, pero podemos hacerlo. Las notas están ahí, no se irán, podemos hacer multitud de combinaciones, podemos probar y probar y volverlo a hacer. No os podéis imaginar cuanto color da a una idea un cambio de tonalidad. Un cambio en uno mismo.
Pues este cambio se traduce en un paso más. En alguna ciudad creo que hicieron un experimento:
Transformaron las escaleras de la salida del metro en un teclado de piano, cada nota que pisaban las personas que salían del vagón era una nota correcta de la escala, al ser pisada emitía el sonido de la nota en cuestión. Justo al lado de este piano-escalera se encontraba la otra escalera mecánica. La mayoría de la gente usaba la del piano, aún sabiendo que tendría que subir por su propio pie, pero lo hacían, formaban parte del experimento tan positivo. Querían comprobar a qué sonaban sus pasos.
Así que creo que a veces hay que cambiar de estilo para conseguir nuestras metas. No perder nuestro sello, pero si avanzar y probar esas combinaciones sin temor al ridículo.
Sin olvidar que se aprende más de las canciones de los demás, que de las de uno mismo.
Puedes usar melodías de otros, pero haz que suenen a ti, puedes inspirarte en los demás, pero haz que ellos se inspiren en ti. Cambia de estilo, arriésgate. Usa otra escala, cambia de camino al menos una vez.
Averigua a qué suenan tus pasos.
MR